Snuff
No suelo dedicarme a plasmar mis pensamientos en un párrafo, pero la situación me ha inspirado, y me niego en rotundo a naufragar con la "tragedia". Aún así, me zambulliré por evitar que otros naufraguen más de lo que ya lo han hecho... No se trata de llevarlo mejor o peor; es meramente una cuestión de visión. Y aunque por dentro asalte el desazón como una bestia hambrienta, mi visión se mantiene firme, clara y más enfocada que nunca, dispuesta a hacer de soporte para el que necesite una columna donde descansar.
Leyendo los posts que mis amigos han estrenado en sus blogs recientemente (una pena que halla sido bajo estas circunstancias... de veras) me ha nacido el escribirle una "respuesta" sobretodo a Streal, a su conjunto sobre la naturaleza del hombre y el mito de los héroes, si es o no el ser humano bueno por naturaleza. Y allá va mi primera respuesta: No, no lo es. Pero tampoco es cruel por necesidad. Tendemos a querer encasillar al ser humano en un nido u en otro, cuando en realidad no pertenece a ninguno de los dos. Es más, olvidamos que el hombre nace inocente. El hombre ni es bondadoso ni es ruin por naturaleza, sencillamente tiene la capacidad de elegir cómo actuar. Eso es lo que nos hace libres, y a la vez lo que nos convierte en esclavos de nuestras propias palabras, de nuestras decisiones (de ahí que a muchos le pierda la boca): Hay que tragar con las consecuencias sean o no de nuestro agrado. La vida y las personas no han sido siempre injustas, pero como todo, tienen sus altibajos. Intentemos ser realistas, no derrotistas. El Sol sigue brillando tras del cielo encapotado.
Por ello mismo, al no ser de naturaleza pura, no pueden obligarnos a ser héroes. Es cierto. Pero eso no nos sirve de excusa para hacernos sentir mejor ni para enmascarar nuestros errores y fracasos, de los cuales uno es consciente, quizás inconscientemente, pero lo es. Excusarnos con el mito del héroe no es más que decir "No pueden obligarme a hacer las cosas bien", que se transforma en un "Tendrás que aceptarme como soy" y que a la práctica viene a ser "Si te importo, te tragarás mi mierda". Del mismo modo podríamos decir que "no estamos obligados a actuar como villanos"... Y es que por mucho que nos pueda pesar, la felicidad ajena hace más amarga y exagera nuestra pena. Nos tenta la envidia malsana, por muy natural y obvia que pueda parecer como reacción. Lo queremos todo, y al mismo tiempo no queremos nada de lo que vemos o tenemos. Nunca estamos saciados, y somos capaces de negarnos a ver el Paraíso aunque lo tengamos frente a nuestras narices. No valoramos nada hasta que lo perdemos. Nos puede el orgullo, el egocentrismo y las ansias de poder. Perdemos más por el hecho de no querer perder. Y ya se sabe por el dicho... "Quien mucho abarca, poco aprieta". Somos así de estúpidos.
Aún así, en medio de esa "eterna batalla entre el bien y el mal", creo que aún vencida la gente buena no termina por desaparecer del todo. No me lo creo. Sólo existe la ilusión de la pérdida de uno mismo... Sólo el deseo de desear desaparecer. Pero la "esencia" no se va a ninguna parte, sólo queda en una esquina muy apartada, en un segundo plano. Se maquilla, se pretende enmascarar, y alza una muralla para salvaguardar el corazón de la ciudad. Pero el corazón sigue allí. Y si aumentamos las defensas es porque tenemos algo que proteger. No se puede cambiar la naturaleza del individuo: Es imposible. De ser así sería el final más trágico de todos... Porque nada de lo que elegiríamos sería justo para nosotros mismos ni para el resto. De ahí que acabemos frustrándonos por no llegar a esa... deshumanización que lo convierte todo en un espejismo indoloro y frío, carente de cualquier color, sabor u olor... No construyamos más injusticias de las que ya existen. Las experiencias guían a las personas por caminos muy dispares unos de otros, pero jamás debemos ser exclavos de nuestros traumas y de las penas acontecidas, o como se suele decir, no debemos de "remover la mierda". He presenciado casos en que esa actitud ha llevado de forma trágica y curiosa al mito del eterno retorno de Nietzsche. Nuestra obsesión se transforma en un arma de doble filo y nos convierte en nuestro propio enemigo provocando que a veces las tragedias no se repitan por desavenencias del destino, sino porque nosotros mismos las creamos.
No se trata de declararle la guerra al mundo ni de perder la humanidad. No creo que "la batalla entre el bien y el mal" esté ganada aún, sino todo lo contrario. Basta con permanecer paciente en tu lugar tan firme como tu cuerpo y tu espíritu te permitan serlo, armarte con el afecto de quienes estén a tu lado y apoyarte sobre hombro que te ofrecen. Sé que esto no es más que verborrea a los ojos de quien cree haber perdido el corazón, pero espero, deseo desde el mío, que con el paso de los días esta lectura se vaya haciendo un poco más clara y vaya cogiendo sentido y forma. Soy de las soñadoras que creen que nada se acaba, que con el tiempo algún día todo vuelve a flote, que se puede volver a reir a carcajadas y que no es imposible reencontrarse una mañana con aquel corazón que se creía perdido, quizás no tan resplandeciente como se recordaba, pero sí un poco menos oxidado. Un poco más limpio.
"Elegy", William Adolphe Bouguereau
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